LA VIRGEN DE LA SONRISA. Patrona de Alamitos

La Virgen de la Sonrisa es aquella imagen de la Virgen María, ante la cual Santa Teresita se sintió curada de la tristeza y depresión que tenía cuando era chica. El 13 de mayo de 1883, en la fiesta de Pentecostés, Teresita se vuelve hacia la imagen que se encuentra al lado de su cama. «De repente, la Santísima Virgen me pareció hermosa, tan hermosa, que nunca había visto nada más bello»

Su rostro respiraba bondad y ternura inefables. Pero lo que me llegó hasta el fondo del alma fue la encantadora sonrisa de la Santísima Virgen. En aquel momento, todas mis penas se desvanecieron…¡Ah, pensé, la Santísima Virgen me ha sonreído, que feliz soy!» Teresita está curada. La Historia de Teresita en cierto momento de su infancia: Teresita cayó en un estado de tristeza y angustia muy preocupante, luego de la muerte de su madre y de la posterior entrada al Carmelo de su hermana Paulina tan querida para ella.

Se sentía abandonada y deprimida, y se enfermaba frecuentemente al punto que parecía no haber remedio ni solución para su sufrimiento. Toda la familia se movilizó mucho para obtener la curación de Teresita. Se hacen celebrar varias Misas en el Santuario de Nuestra Señora de la Victoria en París, pidiendo por la salud de la pobre niña. Monseñor Jorge Eduardo Lozano Obispo Auxiliar y Vicario Episcopal de la Vicaría Devoto del Arzobispado de Bs. As.

NOVENA A LA SONRISA

Especialmente destinada a ayudar a rezar a todos los que se sienten afligidos y agobiados por la tristeza, depresión u otra enfermedad física, emocional o espiritual. Y para interceder por los que sufren estos problemas. Confiemos en María, Nuestra Madre, que con su alegría y ternura nos lleva a Jesús Nuestro Señor Oración inicial para todos los días

V/. En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

R/. Amén. Reconociéndonos pecadores y necesitados de tu auxilio, con la sencillez de un niño y la pureza de una rosa, venimos a ti, Madre nuestra, a ponernos en tus manos, concédenos la gracia de ser fieles a las enseñanzas y a los mandamientos de tu amado Hijo Jesús. Que podamos gozar un día la dicha de poder contemplarlo en el cielo y participar de la dicha que tú ya compartes. Amén.

V/. De la mano maternal de María dirijámonos al padre rezando la oración que Jesús, su divino hijo, nos enseñó. Padre Nuestro…

V/. Nos despedimos de María rezando la Oración a la Virgen de la Sonrisa. Virgen de la sonrisa, Madre de la alegría. Vengo a ponerme delante de tus ojos buenos. Necesito esa luz de tus ojos serenos y esa esperanza de tu rostro amable. Te doy gracias María, porque estás a mi lado en todos los momentos. Cuando sufro, tengo tu alivio. Cuando estoy feliz, compartes mi gozo.

Vengo a buscar tu ayuda de Madre para mí y para todos mis seres queridos. (Pedir con humildad y confianza la gracia que se quiere obtener) Te pido que hagas nacer en nosotros a Jesús. Así podremos vivir con alegría, y saldremos adelante en medio de las dificultades de la vida. Danos fortaleza, paciencia, valentía, y mucha esperanza para seguir caminando. Madre de la alegría, derrama tu consuelo en todos los que están tristes y cansados, deprimidos y desalentados. Que la hermosura de tu rostro, lleno de fuerza y de ternura, nos llene a todos de confianza, porque comprendes lo que nos pasa y somos valiosos para tu corazón materno. Amén.
V/. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R/. Amén

Primer día:

«La sonrisa de María acompaña nuestra vida». Virgen de la Sonrisa, Madre de la alegría, vengo a ponerme delante de tus ojos buenos. Leer Mt 23, 37b.

Cuantas veces hemos rezado Bajo tu amparo. , y sin embargo, como nos cuesta reconocer la presencia protectora de María, que es una constante en nuestra vida, para gozarla y compartirla es necesario hacerse pequeño, como un niño y acurrucarse en sus brazos para gozar de su sonrisa que nos hable del Cielo, que nos llama a vivir en el amor como ella lo hizo toda su vida.

Segundo día:

«María ilumina nuestros pasos». Necesito esa luz de tus ojos serenos y esa esperanza de tu rostro amable. Leer Is, 9, 1.

Los hombres vivimos en un mundo ensombrecido por las tinieblas de muchas preocupaciones meramente humanas que nos quitan la paz y nos hacen perder el camino que nos lleva a Dios. María nos muestra a Cristo, que es nuestra luz, es por eso que acudimos a ella para recibir la luz que de sus ojos serenos viene a nuestro encuentro para robustecer nuestra esperanza al mirarnos con su rostro amable.

Tercer día:

«Está siempre a nuestro lado». Te doy gracias María porque estás a mi lado en todos los momentos. Leer Jn 12, 24

Una de las características del hombre de hoy es la de sentirse solo, se siente y se piensa carente de compañía, y no percibe que si quiere tiene refugio en el seno maternal de María. Para gozar de esta compañía es necesario tener los mismos sentimientos y de María que siempre fue la fiel oyente del Señor, por eso su perfecta obediencia y la total disponibilidad que le hizo decir que sí a Dios, a pesar de no entender ni saber cabalmente la dimensión que iba a tener su pedido.

Así, siguiendo su ejemplo, el hombre descubre que sus actos se convierten en frutos abundantes, que sus obras son las que el señor espera de él.

Cuarto día:

«María comparte toda nuestra vida». Cuando sufro, tengo tu alivio, cuando estoy feliz compartes mi gozo. Leer Hech 11, 14. Una de las cosas que debemos aprender de María es a compartir con los demás, las alegrías, las tristezas, los gozos, los dolores. María no es la mujer indiferente, al contrario, es disposiciones

la disponible, la que acude siempre al encuentro del otro para tomar parte en su vida para señalarle, con la sonrisa de sus labios purísimos, que la presencia de Dios lo acompaña en medio de todas las circunstancias.

Quinto día:

«María nos brinda su ayuda». Vengo a buscar tu ayuda de Madre para mí y para todos mis seres queridos. Leer Jn 2, 3-5. Una certeza nunca nos debe abandonar, María está siempre dispuesta a interceder por las necesidades de sus hijos, así como siempre participa de sus necesidades, así toma parte en la solución de sus dificultades.

Sexto día:

«María hace nacer en nuestro corazón a Jesús». Te pido que hagas nacer en nosotros a Jesús, así podremos vivir con alegría, y saldremos adelante en medio de las dificultades de la vida. Leer Lc 2, 34-38

Quien tiene a Jesús en su corazón tiene una alegría que nada ni nadie puede hacer desaparecer, quien tiene a Jesús en su corazón ve todo con los ojos de María, quien tiene a Jesús enfrenta las mayores dificultades sin perder en sus labios la sonrisa con que nuestra madre nos contempla y nos anima, por eso es necesario que nazca Jesús en nosotros así enfrentaremos todas las circunstancias que nos toquen vivir con la misma serena sonrisa de María, gozando, como ella, de la paz y de la confianza en Dios que todo lo puede.

Todo esto brota de la disponibilidad con que acogemos lo que Dios nos pide.

Séptimo día:

«María nos auxilia en nuestro camino» Danos fortaleza, paciencia, valentía, y mucha esperanza para seguir caminando. Leer Mt 8, 26.

Cada vez que uno emprende un camino nos invade un cierto temor, sabemos que la realidad muchas veces nos sorprende con sus dificultades así como también con alegrías inesperadas. Frente a las dificultades cabe recurrir a la virtud de la paciencia, enfrentándolas sin perder el buen ánimo; con la fortaleza necesaria para superar las diversas alternativas, sin sucumbir al pesimismo y con la valentía indispensable para triunfar ante cualquier enemigo que se nos presente.

Octavo día.

«María, Madre y fuente de nuestro consuelo» Madre de la alegría derrama tu consuelo en todos los que están tristes y cansados, deprimidos y desalentados.

Leemos Jn 19, 26-27 Una de las cosas que debemos meditar y conservar en nuestro corazón es el valor de la alegría cristiana, que no es mera exterioridad, ni grandes risas, ni ruido ni otra expresión meramente humana, la alegría del cristiano es saber que siempre cuenta en su corazón con el consuelo de Dios y que, por eso, su Hijo nos dejó a su madre como madre para que acudiendo a ella encontremos ese consuelo necesario para superar todas las circunstancias de la vida.

Noveno día:

«María nos da la confianza». Que la hermosura de tu rostro, lleno de fuerza y de ternura, nos llene a todos de confianza, porque comprendes lo que nos pasa y somos valiosos para tu corazón materno. Leer Cant 4, 1. La hermosura de María no es a la manera de las bellezas a las que los hombres estamos acostumbrados: no proviene de tinturas, de afeites ni de cirugías estéticas, es una hermosura que brota de su corazón y se refleja en su rostro, que no reproduce un modelo adocenado sino que es único e irrepetible, que tiene una fuerza especial y una ternura inigualada, un rostro que sonriéndonos nos llena de confianza en las horas más difíciles, porque de ella brota la comprensión de nuestras debilidades y porque como madre nuestra nos siente carne de su carne y nos cobija en su regazo, cerca de su corazón que late de amor por nosotros.

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